lunes, 5 de julio de 2010

El poder curativo del dolor

SER REAL/BEING REAL

El dolor, a veces, tiene poder curativo. Para los expertos, puede ser una experiencia transformadora; hay que conectarse con la tristeza.
El dolor causa problemas físicos, emocionales y espirituales. Pero intentar evitarlo trae consecuencias en el largo plazo.
Con la amenaza constante del borrón, la negación, el ocultamiento y los malentendidos, el duelo resiste, firme, en un mundo donde cuesta animarse a trabajar con el propio sufrimiento yentender que la pérdida es mayor cuando no se nombra. El proceso que se inicia con la muerte de un ser querido constituye el cable de conexión más directo con la propia finitud. El duelo no es una enfermedad, pero duele hasta las entrañas. Cíclico -algunos días se está bien, otros mal-, resulta más tolerable cuando se comparte con pares o con seres queridos.
Hijos que pierden a sus padres, mujeres a sus esposos, maridos a sus mujeres, padres a sus bebes, chicos a sus compañeros de escuela... El duelo es diferente en cada caso, peroel ser humano siempre deberá lidiar -según explican las licenciadas Silvia Alper y Diana Liberman, del Centro Especializado en Terapia de Pérdidas (Cetepe), miembro de la Association for Death Education and Counseling (Adec)- con esta idea: "La muerte se lleva lo que no hubo, porque la historia que construimos con la persona que físicamente ya no está siempre queda."

Sueños robados

En un mundo que corre, tapa, reemplaza (se murió el perrito, compremos otro), las frases hechas están a la orden del día: El tiempo cura todo ; Que los chicos no te vean ; Mi abuelito me mira desde el cielo; Mi papá se fue de viaje; Y bueno, vivió mucho y bien, ¿qué más se podía esperar? Sin embargo, "el tiempo cura las heridas, si en ese lapso una persona trabaja para recuperarse; los chicos deben saber que un adulto sufre por el dolor de una pérdida; hay que tener cuidado con las respuestas como la relacionada con el abuelito y el cielo porque esa mirada puede convertirse en persecutoria; lomismo con la idea del viaje, porque un niño puede estar pendiente del regreso -dicen las psicólogas-. Además, la muerte siempre duele, y no sirve pensar que un ser querido ha vivido muchos años para consolarse". Sea cual fuere la causa de la desaparición, el dolor de los vivos "nunca cede si se lo niega".
Por definición, el duelo es "un proceso psicológico normal que se pone en marcha frente a una pérdida, entendiendo ésta no sólo como la muerte de un ser querido, sino como la rupturade un equilibrio que se produce ante la desaparición de un vínculo, una situación o un objeto que nos fortalece y que amamos".
Esta nueva situación crea "una sensación de caos. Causa malestar físico (dolor abdominal, de cabeza, opresión en el pecho), cognitivo, emocional y espiritual. Nos roba los sueños.Lo que creíamos ayer, hoy no se sostiene. Mientras el mundo externo sigue, el propio se detiene", describe Alper.
Pero lo que no debe detenerse es la tristeza, el enojo, la ansiedad que provoca la pérdida: "Llorar es bueno, y la ansiedad mal manejada se enquista. Un 30% de los duelos no resueltos termina en ataques de pánico", dice Alper.
¿Qué significa resolver? El camino del duelo tiene etapas: "En la primera, se trata de aceptar la pérdida: el otro ya no está físicamente. Luego, aparecen diferentes emociones:bronca, impotencia, ansiedad y miedo -relata Liberman, que con su colega trabaja con grupos de personas en duelo-. En una tercera etapa, se piensa en cómo hacer las cosas que hacía la persona que ya no está (por ejemplo, las tareas que tenía asignadas en la pareja) y, si se logra, su autoestima crece.
La última etapa es la de la aceptación de que el otro no va a volver. Aparece la posibilidad de colocarlo en un lugar interno y de hacer proyectos con la vida y los vivos".

Los chicos quieren saber

El duelo puede tornarse complicado cuando, al cabo de un año o un año y medio, las personas no logran construir un mundo propio ni dejar de referirse a la persona que ya no está con ese dolor inconsolable que se siente cuando la muerte recién ha acontecido:"La resolución del duelo no tiene que ver con despedirse, sino conmodificar la relación con el otro encontrando para él un espacio en el corazón -aclaran las psicólogas-. El duelo es complicado cuando la muerte no se acepta y la vida se vive como si el otro continuara vivo".
Con respecto a los niños, "hay que decirles una verdad que puedan escuchar. No es bueno evitar el tema ni llenarlo con ideas como la del viaje, que nada tienen que ver con la realidad".El problema es que, en nuestra cultura, "no hay un acercamiento al tema de la muerte desde la escuela. Ni padres ni maestros saben cómo explicarlo y muchos chicos presentan síntomas que luego desembocan en enfermedades o accidentes porque los mayores tratan de esfumar el dolor pensando que así los benefician".
Ciertos rituales ayudan a sobrellevar el duelo: "Tres chicos de una escuela fallecieron en un accidente. Trabajamos con sus compañeros y decidimos plantar un roble, como homenaje; también armamosuna caja en la que se guardaron recuerdos", cuenta Liberman. Tener a mano una foto con la imagen de la persona que ya no está, y dirigirse a ella con la mirada o la palabra es otro de los rituales que pueden proporcionar alivio.
"Hay que escapar de dos mandatos sociales: la presión para descartar el sufrimiento (mensaje que suelen recibir los deudos), y la propuesta casi maníaca de tener que salir y divertirse porque, al fin y al cabo, La vida es tan corta.. ."
Dijo Sigmund Freud a comienzos del siglo pasado: "La única manera de olvidar es recordar". En otras palabras: la única manera de salir del duelo es entrando en él.

Enfrentar la pérdida

Silvia Alper: "El dolor es tan natural como el amor. Pero nos enseñan a evitarlo, y eso va en contra de la resolución del duelo."

Diana Liberman: "El tiempo cura el dolor si las personas trabajan para recuperarse. Y un duelo es complicado cuando se estanca."

Cómo ayudar a una persona en duelo:

- No consolarla comparando su pena con otras peores, porque la suya es única e intransferible.
- Tolerar su enojo y permitirle llorar.
- No pedirle que olvide. Las personas no deben olvidar, sino encontrar una manera de recordar en paz.
- Respetar que, por un tiempo, no pueda compartir momentos divertidos.
- Evitar decirle: Fue lo mejor que podía pasar , Sé cómo te sentís u Olvidate y sigue adelante .
- Sólo hay que preguntarle cómo se siente hoy.
- Ofrecerle una colaboración específica, como la realización de un quehacer del hogar.
- Abrazarla, tocarla y decirle que se la podrá acompañar en el camino árido del duelo.

Por Valeria Shapira
De la Redacción de LA NACION

martes, 29 de junio de 2010

La Resiliencia


El término resiliencia apareció, en la Ingeniería, para designar la elasticidad de algunos materiales para adaptarse a grandes cambios de temperatura, absorber energía y llegar a deformarse sin romperse. Se calcula en base a la unidad de superficie de rotura.
El término llegó al ámbito de la psicología en la década de los 70 de manos del psiquiatra Michael Rutter que lo relacionó con la flexibilidad social y la facultad de adaptación de los niños a situaciones extremas. También fue utilizado por el neurólogo-psiquiatra Boris Cyrulnik para designar la capacidad de superación de los sobrevivientes de los campos de concentración, de los niños de los orfanatos y las calles y de todos los que superaron unas muy malas condiciones sociales.

La resiliencia, cuando nos referimos a humanos, se define como la capacidad que tienen las personas o los grupos para recuperarse ante la adversidad y, en muchas ocasiones, salir fortalecidos de la experiencia con nuevas habilidades y herramientas personales.
La teoría sobre la resiliencia se asienta en torno a dos ideas generales. La primera es la idea de la luminosidad que se basa en las fortalezas de cada persona, es decir, cada ser humano tiene una serie de características que le sirven para ser resiliente. La segunda idea es la de la diversidad que se centra en las diferencias que hay en la reacción de las personas ante las situaciones difíciles. Ante una situación similar, unas personas se rinden mientras otras se desarrollan con éxito a pesar de las dificultades.

Se ha dicho que las personas nacen o no resilientes, pero la realidad es que todos podemos desarrollar esta facultad, si se trabaja en ello. ¿Cómo? Podemos empezar aprendiendo a valorarnos. Es necesario que nos perdonemos los errores teniendo en cuenta que todo en la vida es un aprendizaje, y que para aprender hay que equivocarse. También es importante nuestra relación con los demás, que sea de mutuo apoyo, por lo tanto, saber pedir ayuda también es primordial para el desarrollo de la resiliencia. Así mismo hay que desarrollar una visión positiva de las adversidades y desarrollar la creatividad.
Todas estas capacidades las podemos desarrollar si iniciamos el camino del autodescubrimiento, de esta forma, podremos conocer cuáles son las facultades que ya poseemos y cuáles deberíamos empezar a fomentar para conseguir nuestro objetivo.

Hay factores que contribuyen al desarrollo de la resiliencia, como por ejemplo, tener relaciones dentro y fuera de la familia en las que se dé cariño y apego. Figuras que proporcionen confianza, estímulos, modelos a seguir y, por supuesto, seguridad. Otro factor que ayuda a este objetivo es la capacidad para establecer metas realistas y hacer los planes necesarios para llegar a ellas. La visión positiva de nosotros mismos y nuestras capacidades hará que tengamos confianza en nuestras fortalezas y habilidades y, de esa forma, no nos paralicemos en la consecución de nuestras metas.
Así mismo, otros de los factores que favorecen el desarrollo de la resiliencia serían las destrezas en la comunicación y en la solución de problemas y la capacidad de manejar sentimientos e impulsos fuertes.
Conociendo estos factores, ¿qué pasos podemos empezar a dar para aumentar nuestra resiliencia?
Establecer nuevas relaciones o mejorar las que ya tenemos hasta convertirlas en vínculos de apoyo mutuo.
Aceptar que todo en la vida cambia, que los cambios son parte de la vida.
Centrarse en las cosas que podemos cambiar.
Desarrollar la confianza en nuestros instintos y capacidades.
Centrarse en visualizar lo que queremos en lugar de preocuparnos por lo que tememos.
Cambiar la interpretación que tenemos sobre los problemas evitando verlos como obstáculos insuperables.
Y lo más importante de todo: cuidar de nosotros/as mismos/as. Prestarnos atención para descubrir cuáles son nuestras necesidades y deseos.

Si tenemos dificultades para poder desarrollar estas facultades podemos pedir ayuda a algún profesional (psicología, coaching...) que nos ayudará a encontrar las herramientas necesarias para conocernos y desarrollarnos como personas resilientes.

sábado, 19 de junio de 2010

“El sentido del sufrimiento es éste: todo sufrimiento generacrecimiento. Nada de lo que nos ocurre es negativo, absolutamente nada. Todos los sufrimientos y pruebas, incluso las pérdidas más importantes, son siempre regalos” (E. Kübler-Ross)

Síntomas que pueden aparecer en un duelo normal


Han sido muchos los estudios que han tratado de estudiar cuáles don las reacciones normales del duelo, pero una de los primeros intentos corrió a cargo de Erich Lindemann en el año 1944 cuando era jefe de psiquiatría en un hospital de Estados Unidos. En ese año se produjo un incendio en una fiesta en la que se celebraba la victoria en un partido de fútbol disputado entre dos universidades. Un ayudante de camarero encendió una cerilla, incendiando sin querer una palmera decorativa, e inmediatamente ardió todo el local y casi 500 personas perdieron la vida.

A partir del trabajo con las familias de las personas que murieron en ese incendio, Lindemann y sus colaboradores escribieron “Sintomatología y control del duelo agudo” (Lindemann, 1944).
Aunque, según algunos autores (Parkes, 1972; Worden, 2004), hay limitaciones en el estudio de Lindemann, aún así sigue siendo un estudio muy importante y citado, ya que hoy en día se siguen experimentando los mismos sentimientos y emociones que entonces.

Los comportamientos normales del duelo los podemos dividir en cuatro categorías: sentimientos, sensaciones físicas, cogniciones y conductas.

Sentimientos: Tristeza, enfado, culpa y autorreproche, ansiedad, sensación de impotencia, shock, anhelo, emancipación, alivio, insensibilidad.

Sensaciones físicas: Vacío en el estómago, opresión en el pecho, opresión en la garganta, hipersensibilidad al ruido, sensación de despersonalización, falta de aire, debilidad muscular, falta de energía, sequedad de boca.

Cogniciones: Incredulidad, confusión, preocupación, sentimiento de permanencia, sensación de que de alguna manera el fallecido aún está presente entre nosotros, alucinaciones visuales o auditivas.

Conductas: Trastornos del sueño, trastornos alimentarios, conducta distraída, aislamiento social, soñar con el fallecido, evitar recordatorios del fallecido, buscar y llamar en voz alta, suspirar, hiperactividad desasosegada, llorar, visitar lugares, llevar objetos consigo o atesorar tesoros que eran o le recuerdan al fallecido.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Manantial de la Risa

Esta es la nueva página web de este grupo de taller de risoterapia llamado Manantial de la Risa.
Han comentado que dentro de poco van a poner un apartado para cuentos y que quién quiera puede enviarles su cuento preferido o especial para colgarlo en la página.
Mañana día 20 a partir de las 12:15 estarán en la Cadena Ser hablando de la risa con motivo de unas jornadas que hay en Leioa.